septiembre 21, 2009

Malú Urriola -poeta chilena que participó del Festival de poesía en Rosario 2009- de Hija de perra



cuando no estás me faltas como si me faltara un brazo, daría un brazo por no sentir esta falta... daría un brazo, pero no el brazo con el que escribo. El brazo con el que es­cribo no se lo doy a nadie, si me deshiciera de este brazo moriría atragantada. Este brazo es el que aprieta mi vientre, el que hunde su mano en mi garganta para que las palabras salgan, porque mi brazo sabe que las palabras son como trozos de carne que me atoran, si no tuviera este brazo tampoco podría hablar, porque este brazo es mi lengua, con este brazo puedo decir lo que la lengua se calla, podrían cortarme la lengua pero no el brazo, por eso no siento ningún miedo cuando tengo la lengua dentro de tu boca, porque aunque la arrancaras me quedaría este brazo. Con este brazo me sostengo, con este brazo lucho cada día. Cuando me pierdo es este brazo quien me encuentra, cuando me desespero es este brazo quien me calma, este brazo es mi memoria, este brazo es quien me saca a flote, quien jala de mí, quien me aturde para arrastrarme hasta la orilla, este brazo se compadece de mí más que nadie, me saca el agua que he tragado, me golpea el corazón para que ande, si no fuera por este brazo no sé qué sería de mí, por eso sigo a mi brazo, porque este brazo es capaz de encontrar lo que yo no hallo, por eso es él quien escribe, porque si escribiera yo, no encontraría las palabras necesarias, en cambio mi brazo es exacto, porque mi brazo sabe que si no soy capaz de resistir, que si me agoto de ver todo el tiempo lo mismo, que si me canso de escuchar las mismas pa­labras idiotas, que si me harto de ver a la misma gente como en un cinematógrafo de barrio, que si me aburre ver con mis ojos sus ojos pajes desesperados de fama, de una fama gris de estrella de cinematógrafo de barrio, porque mis ojos se cansan de ver tanto, todo igual, repetido, mi ojos se hartan tanto que se harían sal si vieran que algo nuevo pasara, porque esta ciudad se detuvo antes que llegáramos yo y mi brazo, esta ciudad sombría ya no se desempaña, esta ciudad es inalterable, esta ciudad quisiese ser rubia, esta ciudad quisiese beber whisky cuando se muere de hambre y si este brazo no fuera fuerte nos habrían arrancado medio pedazo, pero a mi brazo nada de esto lo derrumba porque mi brazo es ciego, mi brazo es sordo, mi brazo sólo escucha la sangre de él. Sabe que cuando no dé más deberá tomar la empuñadura y rajar la muñeca de mi otro brazo, sabe que aunque son pares sólo él puede hacerlo, sabe que él será el último en abandonar, lo sabe, como sabe también que será capaz de dejar de escribir porque escribir me daña a veces, mi brazo sabe que escribir daña porque es él quien escribe, cuando mi brazo escribe sabe que está doliendo, quemando, sabe que me revuelvo toda, por eso mi brazo dejaría cualquier cosa para calmarme. Es este brazo quien te olvida, no yo, porque mi brazo sabe que estando juntos somos capaces de resistir tu falta, que podemos trazar tu recuerdo, en cambio si me faltara este brazo yo me quedaría muda, me quedaría postrada, no podría resistir, no podría, por eso no te doy este brazo ni se lo daría a nadie, porque este brazo es el único capaz de librarme de mí.
La imagen es de Rafael Norman

septiembre 18, 2009

Un arte de Elizabeth Bishop


El arte de perder no es un arte difícil; tantas cosas parecen colmadas
de un propósito de pérdida
que cuando se pierden no es muy trágico. Pierdan a diario algo. Acepten la molestia
de extraviar el llavero, la pérdida de tiempo. El arte de perder no es un arte difícil. Practiquen perder, luego, más cosas y más rápido: lugares, nombres, dónde era que estaban yendo. Ninguna de estas cosas es demasiado trágica. Perdí el reloj materno. Y miren, se me ha ido la última,o penúltima, casa que tanto amaba. El arte de perder no es un arte difícil. Dos hermosas ciudades, perdí. Y algunos reinos que poseía, dos ríos y un continente. Y aunque, sí, los extraño, no fue una cosa trágica. Incluso tras perderte (la voz mordaz, un gesto que amo) no habré dicho una mentira. Es obvio que el arte de perder no es cosa muy difícil aunque parezca a veces (¡anoten!) algo trágico.

septiembre 13, 2009

Los deberes de la literatura por Liliana Bodoc

Extracto de la charla en Libros en Olavarría- Septiembre de 2009-publicado en suplemento El Subsuelo Diario El Popular-Olavarría-

La literatura tiene poquísimos pero ineludibles deberes. Los hombres tenemos deberes y la literatura claro que también los tiene. Se cuentan con los dedos de una mano o menos quizás. A mi me parece que uno de los deberes de la literatura es incomodarnos. Es ponernos nerviosos. Es sofocarnos, fastidiarnos, alegrarnos, emocionarnos. Es decir, conmovernos.
Un cuento puede ser cualquier cosa, menos no transformarnos de alguna manera. No es posible que uno entre a un cuento y salga de él exactamente idéntico, sin rasguño ninguno, sin que se le haya movido ni un solo pelo. La literatura está aquí en la tierra para eso. Para hablar de lo que nos preocupa, de los que nos asusta, de lo que necesitamos.
El segundo deber de la literatura tiene que ver con cómo conmovernos. Debe conmovernos, creo yo, a través de la propuesta estética. Debe conmovernos a través de la forma. Y con esto no estoy diciendo que pretendo que hablemos de un texto que no diga nada pero que lo diga bonito. Estoy diciendo que si hablamos de literatura, el contenido se manifiesta a través de la forma. Porque si no nos encontramos, sobre todo en la literatura infantil y juvenil, con textos como deditos extendidos que dicen esto se debe o esto sí, esto no. Y parecen casi casi un extracto de un libro de higiene y puericultura. La literatura no tiene nada que ver con todo eso. La literatura está más cerca del lenguaje poético y del pensamiento lírico.
...Se trata ni más ni menos que de una forma de conocer el mundo, de una forma de entendernos. Por poesía entiéndase que no hablo estrictamente del género poético, sino de una manera de decir, de comprender, que trasciende por mucho lo pragmático. Que trasciende y por mucho lo informativo y lo narrativo, también. Este lenguaje poético, tan ninguneado, bastardeado y tan relegado al rincón de las tías solteronas o de los hippies trasnochados, cuando en realidad es absolutamente necesario e ineludible para que seamos hombres y mujeres. Y para entender el mundo que nos rodea.
Está muy bien, por ejemplo, que al cielo me lo explique un científico o un astrónomo. Pero yo creo que si al cielo no me lo explica un poeta, necesariamente no lo voy a terminar de entender. Yo voy a tener un cielo incompleto. Porque además, mi cielo de todos los días, el cielo que me compete cuando estoy triste, cuando estoy alegre, enamorado o enamorada, cuando me traicionaron, el cielo al que levanto la cabeza, es por mucho el cielo de los poetas y no el cielo de los físicos.
No conocer esa palabra que llega desde la emoción, desde la intuición, es perdernos una gran parte de la realidad. Volvamos a poner en su categoría de conocimiento a la poesía entendida como eso: modo de conocer y conocernos.
Considero que el último deber de la literatura es actuar sobre las sociedades y las personas, exactamente igual que actúan los monstruos. Una literatura es un hecho monstruoso. A veces cuando uno dice monstruo piensa en un bicho feo. En un mamarracho. Y sin embargo un monstruo, al menos en términos sociales y antropológicos, es nada más y nada menos que " el otro". Que me asusta solamente porque es distinto a mí. El monstruo aparece en las sociedades para decirnos "hey, no están solos, acá estamos nosotros y nos van a tener que respetar. Y no somos tan malos como parecemos. Solamente somos distintos"
La primera reacción es el susto y después si puedo lo elimino. Pero la literatura debe mostrarnos al otro, abrirnos ventanas. Son más ventanas que espejos, siempre.
Conmover, problematizar, fascinar. La literatura no demuestra. No es un teorema. Sólo fascina.